Los votos… ¡en pastillas!

Entre las muchas preguntas que nos llegan, una de las más recurrentes es la relativa al significado y origen de los votos que pronunciamos los frailes (y monjas) franciscanos: pobreza, castidad y obediencia.

No quiero entrar hoy en largos tratados, me limitaré en cambio a darles una explicación súper concisa, en pastillas, pero espero que sea eficaz, sobre por qué algunos hombres y mujeres deciden vivir una Vocación Religiosa.

¿Por qué los frailes franciscanos pronuncian estos votos tan exigentes?

Tratar de renovar y imitar a proponer en todo, las opciones, los gestos, las actitudes, los sentimientos, la vida misma de Jesús ¡En efecto, en él todo es santo y «divino» y por lo tanto imitable y digno de ser seguido! San Francisco, en esto nos muestra el camino; de hecho, siempre y en todo quiso ser un «perfecto imitador de Jesús», tanto que sus contemporáneos lo definieron como «Alter Christus», un «otro Cristo». De Jesús y San Francisco… ¡¡aquí está la vida de los frailes franciscanos!! asi que…….

¿De dónde nace y se origina el Voto de Pobreza?

Con el Voto de Pobreza, los frailes franciscanos queremos seguir «más de cerca» el ejemplo «divino» de nuestro Maestro, el Señor Jesús, que hablaba de sí mismo diciendo: «Las zorras tienen sus madrigueras y las aves del cielo sus nidos». pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”. (cf. Mt 8, 18-22)

¿De dónde se origina y se origina el Voto de Obediencia?

Con el Voto de Obediencia los frailes franciscanos queremos seguir «más de cerca» el ejemplo «divino» de nuestro Maestro, el Señor Jesús, que hablaba de sí mismo diciendo: «Bajé del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de el que me envió «. (cf. Jn 6,38)

¿De dónde se origina y se origina el Voto de Castidad?

Con el voto de castidad, los frailes franciscanos tratamos de volver a proponer de la manera más parecida la elección «divina» de Jesucristo nuestro Señor que vivió en «célibes» y así expresar también nuestro amor exclusivo por aquel que decía a los que querían para seguirlo «más de cerca»: «Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo». (cf. Lc 14, 26-27).

Les bendigo.

fray Alberto (OFMConv)

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