¡Nadie nos arrancará del amor de Cristo!

El domingo 8 de mayo la Iglesia ha celebrado la jornada mundial de oración por las vocaciones. ¿Cómo entenderlo? ¡Escuchamos el Evangelio del Buen Pastor, seguros de qué es la única palabra que verdaderamente vale la pena escuchar siempre!

“Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano. Aquello que el Padre me ha dado es más fuerte que todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una sola cosa”. 

(Gv 10, 27-30)

«Mis ovejas escuchan mi voz». Sí, hoy también estamos aquí para escuchar su voz; o al menos intentarlo. Intentar detenerme un rato, estar un rato en compañía del timbre de su voz, sintonizarme con su longitud de onda, concentrarme en él.

Al ponernos en presencia de esta Palabra, quizás lo más útil y sensato sea dejar de lado todo lo que ya sabemos, dejar de lado la necesidad de entender, de comprender, de encontrar algo que hacer en la Palabra. Todo lo que corre el riesgo de volverlo ineficaz y desactivar su poder revolucionario.

Entonces, si yo también dejo hoy todas estas cosas a un lado, simplemente trato de compartir con ustedes lo que esta palabra suscita en mí, para mi vida, esperando que al menos algo de esto resuene con las cuerdas de la experiencia de fe de algunos de ustedes, queridos jóvenes en búsqueda, y los ayude a sintonizar la voz del Pastor, la única que siempre vale la pena escuchar.

En el «Domingo del Buen Pastor», el cuarto de Pascua, la liturgia deja atrás los relatos de las apariciones del Resucitado y trata de introducirnos en lo ordinario de la vida cristiana, en lo ordinario de la vida del Resucitado, siempre es extraordinario. En el ciclo de tres años la liturgia divide el capítulo 10 del Evangelio de Juan en tres partes: el tema es el mismo, pero cada año adquiere una perspectiva ligeramente diferente, como si se mirara desde diferentes ángulos. La de este año adquiere un punto de vista aún más dramático que las anteriores: aquí hay alguien que intenta «arrebatar la oveja de la mano del pastor»; ¿y cómo? En primer lugar eliminando al propio pastor, de hecho el evangelio al versículo 31 nos dice que «de nuevo los judíos tomaron piedras para apedrearlo».

Aquí, pues, tanto la oveja como el Pastor están ponendo en riesgo sus vidas. Quién sabe que este riesgo, que esta inseguridad, que este miedo no resuene un poco como el que nos habita a todos, después de la traumática experiencia de la pandemia y con una guerra en Europa que tiene consecuencias también en nuestro Pais…

Sin embargo, en este cuadro me parece que también hay un tono general como de victoria: ¡Jesús aparece seguro de sí mismo, invencible! Sabe bien que el riesgo es grande, pero está seguro de que al final gana el Pastor. Lo siento como una certeza en la que también nosotros podemos tener en cuenta, a pesar de todo, absolutamente todo.

Quizás entonces esta sea precisamente la experiencia Pascual que pasa por este pasaje, que al menos a mí me resuena fuerte: “una vez más, no temáis, no tengáis miedo, yo he vencido, os he vencido, me perteneces,nadie te puede arrebatar de mi mano, nunca”!

Esta idea de Jesús es muy clara. Tan clara que toda la parte central del pasaje (vv. 28-29) no hace más que repetir esto, usando expresiones gradualmente diferentes. En resumen, «nadie me las puede arrebatar de la mano»: ¡nadie!

Ningún poder puede arrebatar lo que es suyo de la mano del Señor, porque él ha vencido toda muerte: «¿quién nos separará?» San Pablo diría: ¡nadie! «Mi Padre es más grande que todos», nadie es como él, ¡no hay duda de esto!

¡Y por ninguno, nos referimos a nosotros mismos! Nosotros mismos, con nuestros pecados, inconstancias, penalidades, traiciones, nuestro ser como Pedro, como Judas… nada, por mucho que trabajemos, jamás podremos separarnos de la mano del Señor, somos suyos, para siempre, ¡esto es certeza absoluta!

En resumen, Dios es más fuerte que cualquier otra cosa. Nos damos por vencidos, somos volubles, pero ¡él nunca se da por vencido! Y esto es precisamente lo que me convence de él, por eso elegí poner mi vida en sus manos, y trato de hacerlo todos los días, esto es lo que me fascina de él, porque es el único que asegura esto: “Yo nunca me rindo contigo”! «Él es el más grande de todos», de verdad.

Y a ustedes hoy, jóvenes en camino, les digo esto: hoy una vocación se sostiene sólo si hay de alguna manera esta experiencia aquí dentro, la experiencia que les hace sentir en lo más profundo de su ser que verdaderamente nadie es como Señor. ¡Nadie vale tanto como él!

Aquí, entonces también creo que sólo tenemos que sintonizarnos con esta certeza, dejar que esta palabra realmente se encarne en nosotros, decir nuestro corazón, nuestra alma, nuestra cabeza, nuestros sentimientos, afectos, deseos, esperanzas, decir la verdad:». Y entonces ¡oh! «A veces te rindes, ¡pero él nunca se rinde!” y será realmente el día de oración por las vocaciones.

¿Y cómo es posible que sintonicemos? Esto también es posible, no por nosotros, sino por él. De hecho, las ovejas «escuchan la voz del pastor»: ¿por qué? No porque sean buenos, sino porque el Pastor los conoce.

No somos buenos para escucharlo, es él el que es bueno porque sabe hablarnos con nuestro idioma, con nuestro alfabeto, porque nos conoce, nos conoce tan bien que sabe tocar las cuerdas correctas. de nuestro corazón, de una manera diferente para cada uno de nosotros. Es él quien sintoniza con nosotros más que nosotros quienes hacemos el esfuerzo de sintonizar con él.

Entonces que este sea el truco: no mirar lejos, no mirar para otro lado, sino volver a nuestro interior, volver a escuchar lo que vibra en lo más profundo del corazón. Si me sintonizo con el verdadero yo, pues es fácil que ahí mismo ya está hablando el Señor, ahí mismo ya está hablando el pastor tu idioma, ahí mismo te encontrarás ya salvado, ya protegido, ya lleno de vida eterna. Y nadie podrá apartarte jamás de ese pleno gozo.

fray Nico (OFMConv)

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