Cristo vince el mal con el bien

Como en todos los primeros domingos de cuaresma, la liturgia nos propone meditar el relato evangélico de las tentaciones de Jesús. Presenta el modo con el cual el Maestro afrontó la tentación para indicarnos como reconocerlas y superarlas.

Leyendo el pasaje de las tentaciones de Jesús, hoy, puede dar la impresión que no nos pueda ayudar: son muy diferente a las nuestras, son raras y un poco extravagantes. A ninguno de nosotros se nos ha presentado el diablo diciendo de postrarnos ante él o de convertir una piedra en pan o de incentivarnos a tirarnos por la ventana. No, nuestras tentaciones son muy diferentes, más complejas, más difíciles de vencer, además que no duran un día, sino que están presente por toda la vida.

Esta dificultad es debida a la comprensión del “género literario”, es decir, el modo utilizado por el autor para comunicar el mensaje. Para comprender mejor el pasaje del evangelio hay que leerlo no como una historia, sino como una parábola, por medio de imágenes, símbolos, signos, etc. nos revela una verdad más profunda: que Jesús fue tentado en todo como nosotros, con la única diferencia que Él no cometió pecado.

Sí, Jesús fue tentado como nosotros experimentó lo mismo que experimentarnos nosotros: dudas, dificultades para llevar a cumplimiento su misión. Misión – vocación- que Jesús, humano como nosotros, fue adquiriendo conciencia de ella de forma gradual y no de golpe. Jesús no nació sabiendo lo que tenía que hacer, sino que tomo conciencia de a poco leyendo su vida con los ojos de la fe, dejándose provocar por Dios. Nuestra fe nos muestra un Dios que no rechaza nuestra debilidad, sino que la hace suya; es en nuestra carne mortal (encarnándose) que vence el pecado. 

La experiencia del bautismo colocó a Jesús ante el singular diseño que Dios ha preparado para Él. Ha tomado conciencia de su vocación por lo que ahora invertirá todas sus energías en llevar a cabo su misión, anunciar el reino de Dios, en el camino se encontrará con muchas dificultades – tentaciones- que lo perseguirán por toda su vida. Tentaciones que van a tocar lo más profundo del  ser humano: 

“Si Tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan”:Tentación de pensar solo y únicamente al propio interés y no pensar siquiera a los demás.

“Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si Tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá”: Tentación del poder, dominar sobre los demás. Basta ver la situación internacional actual  con las guerras.

 “Si Tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo…”: Tentación de poner en duda nuestra condición de hijos de Dios, hacer ver a Dios como uno que cumple sus promesas, que no se preocupa de sus hijos. 

Como conclusión podemos hacer nuestra la oración colecta que la liturgia nos propone:  Dios todopoderoso, concédenos que por la práctica anual de la Cuaresma, progresemos en el conocimiento del misterio de Cristo y vivamos en conformidad con él. Por  Jesucristo nuestro Señor. Amén

¡Buen comienzo de cuaresma!

fray Augusto Urzoa (OFMConv)

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