Permanezcan en mi amor (Jn 15, 9-17)

En el evangelio de hoy Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Es un momento muy

duro para Él, porque sabe lo que va a pasar, sabe que va a ser arrestado y crucificado, por

lo que quiere pasar el poco tiempo que le queda con sus discípulos compartiendo con ellos

lo más importante de su mensaje: el amor a Dios y al prójimo.

“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.”

Permanezco en su amor entrando en relación con Jesús mediante la oración, haciendo

memoria de los momentos donde he experimentado su amor, poniéndome al servicio del

otro, viviendo plenamente la vida. No es una cosa fácil, es un camino que dura toda la vida,

que tiene sus altos y bajos, pero que vale la pena ponerse a caminar, vale la pena ser

cristiano, vale la pena dar la vida por Cristo. Es un camino que, vivido a fondo, te llena, te da

una felicidad diferente, más duradera.

El camino es difícil, por eso es bueno ser acompañado espiritualmente por una persona,

con una fe “recorrida”, que te ayude a ver con más claridad el paso de Dios en tu historia

personal.

¿Soy feliz? ¿Siento que mi vida tiene un sentido? ¿Qué cosas me impiden ser feliz hoy?

¿Cuido mi vida de oración? ¿Me tomo en serio mi vida cristiana? ¿Me doy cuneta de la

importancia de la oración? ¿Tengo un acompañante espiritual, alguien con quien confortar

mi vida?

“No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné

para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.”

Dios nos elige, nos llama por nombre a colaborar con Él, a anunciar su mensaje de amor al

mundo con las palabras y sobre todo con el ejemplo de vida. Pero claro, siempre unido a Él.

Dios confía en nosotros, confía en ti para anunciarlo, para hacer de este mundo un mundo

mejor. Claro, es fácil decirlo, pero ponerlo en práctica no. Para hacer esto hay que confiar

en Dios, en su fuerza trasformadora, que puede y actúa en la vida de forma concreta, creer

que el espíritu Santo actúa, que nos inspira, nos guía, nos ayuda.

¿Trato de poner en práctica lo que Jesús nos enseña? ¿Creo en el mensaje de Jesús? ¿Me

arriesgo por Dios? ¿Estoy intentando de hacer de este mundo un mundo mejor? ¿Soy

consciente que Dios confía en mí?

Paz y bien.

fray Augusto Urzoa

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