Pero, ¿quién es el hermano franciscano?

Muchos nos siguen preguntando qué hacemos los frailes franciscanos, cómo es nuestra vida… Pero la verdadera pregunta es: ¿Quién es el fraile franciscano después de todo? San Francisco nos ayuda a responder directamente, unos días antes de Navidad.

Jóvenes en busca

Los jóvenes que se acercan a nosotros que tienen una inquietud vocacional o en busca de ayuda para encontrar su propio camino, son jóvenes que llevan dentro de sí esta pregunta: «¿Y si me hago fraile?».

Sí, san Francisco de Asis sigue atrayendo y fascinando a muchos jóvenes en todo el mundo, aún hoy en 2022. En efecto, el Espíritu del Señor sopla donde quiere, como quiere y siempre sabe suscitar en el corazón de muchos jóvenes, más allá de cualquier miedo o dificultad, el deseo de seguirlo radicalmente.

Siempre muchas preguntas

A menudo estos jóvenes están llenos de preguntas. Muchas son sobre nuestra vida como frailes. Todas estas preguntas, incluso las muy prácticas, se pueden resumir en una sola, una pregunta verdadera, radical (es decir, que va a la raíz de la pregunta): ¿Pero quién es el fraile? 

Ciertamente se pueden dar muchas respuestas. Cada fraile tiene «su» respuesta, porque cada uno interpreta el ser fraile franciscano según su originalidad única e irrepetible. Pero podemos dejarnos inspirar por quien inició toda esta larga historia, hace más de 800 años: San Francisco de Asís.

¿Qué piensa San Francisco al respecto?

Vayamos a buscar un pasaje de las Fuentes Franciscanas (los antiguos escritos de San Francisco y sus primeros compañeros) que nos pueda decir un poco cómo respondería Francisco a esta pregunta:

“Y a todos los que hagan tales cosas y perseveren hasta el fin, reposará sobre ellos el Espíritu del Señor (Is 11, 2), y hará de ellos su morada, y serán hijos del Padre celestial cuyas obras hacen, y son cónyuges; hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo (cf. Jn 14,23; Mt 5,45).

Somos esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se une a Jesucristo.

Somos sus hermanos cuando hacemos la voluntad de su Padre que está en los cielos (Mt 12,50).

Somos sus madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y cuerpo con amor y con conciencia pura y sincera, y lo engendramos a través de obras santas que han de resplandecer a los demás como ejemplo”. (LFed FF 200)

Para Francisco, por tanto, el fraile franciscano es el primero que hace lugar, se hace morada acogedora y permanente de su Señor. Desde esta Presencia, toda su existencia (relaciones, estilo de vida, actitudes, opciones,…) se transforma y transfigura en un camino continuo de conversión y renovación, ¡siguiendo las huellas y el ejemplo de Jesús!

Francisco reitera esta idea también en el texto de su primera regla para los frailes:

“Y edifiquemos siempre en nosotros una casa, una morada permanente para Aquel que es Señor Dios todopoderoso, Padre e Hijo y Espíritu Santo”. (Rnb FF 61)

¡Hagámonos un hogar para el Señor!

Hagámonos, pues, todos una casa para el Señor, especialmente en estos días ya tan cercanos a la Navidad: dejemos que este Dios-hijo nazca en nosotros, cuidémoslo, mimémoslo, hagámosle lugar, abrigámoslo, cuidémoslo.

Que nuestro querido san Francisco nos ayude en esto, nos sostenga, nos anime a seguir en el camino: sigamos trayendo al Señor al mundo, cada pequeño día. .

Encomiendo todos los jóvenes que tiene una inquietud vocacional a su oración y apoyo espiritual, para que tengan verdaderamente la valentía de seguir al Señor por hermosos caminos, de vida entregada por los demás.

El Señor es grande.

fray Nico

(Articulo libremente extraído del Blog Vocación Franciscana)

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