“Mientras estaba orando…” pasaron milagros

Estamos finalizando ya el periodo litúrgico de la Navidad con el domingo del Bautismo del Señor Jesús. En el Jordán llega como uno de tantos y se pone en fila esperando su turno para ser bautizados. 

Como nos dice el evangelista Jucas “El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan Bautista no sería el Mesías” (Lc 3,15). Juan es un profeta poderoso en su palabra y llamaba la atención, pero es también honesto y elimina cualquier duda, diciendo claramente que no es él el Mesías sino solamente el que bautiza y prepara su venida. 

“Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús” Lc 3,21). Él ha llegado entre los pecadores y desde allí quiere empezar la salvación. No tiene ni miedo, ni rechazo para la fragilidad humana sino se hace solidario los pecadores. 

Es significativa la actitud de Jesús que „estaba orando”, era en dialogo con el Padre para conocer su voluntad. Como siempre en la oración suceden cosas hermosas, mientras Jesús ora…

a)”Se abrió el cielo” (Lc 3,21). Desde casi dos siglos no había profetas, Dios no hablaba, se pensaba que está enojado por los pecados del pueblo. Los israelitas oraban: No te irrites tanto, no recuerdes siempre nuestra culpa, mira que somos tu pueblo… ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”(Is 64,8; 63,9). 

Con el comienzo de la vida publica de Jesús se abre el cielo. Evangelista Lucas nos da una gran y alegre noticia: Dios ha oído la súplica de su pueblo, ha abierto el Cielo para ya no cerrarlo más. Se ha puesto fin para siempre a la enemistad entre el Cielo y la tierra. La puerta de la casa del Padre permanecerá eternamente abierta para dar la bienvenida a todo hijo que quiera entrar. 

b) „El Espiritu Santo descendió sobre el, como una paloma” (Lc 3,22). El Espíritu, se posa sobre Jesús como una “paloma”, todo ternura, afecto y bondad. Jesús es el nido donde el Espiritu habita. Movido por el Espititu, Jesús se acercará siempre a los pecadores con la dulzura y la amabilidad de la paloma. 

c) „Una voz del cielo: „Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Lc 3,22). El Padre presenta a su Hijo a quién ama y confirma que realmente Jesús es la imagen autentica de Él. En su vida publica Jesús será misericordioso como el Padre, va a hablar y actuar en perfecta sintonia con Él. Según la mentalidad semitica un hijo representa a su padre. Jesús va a decir a Felipe: „El que me ha visto a mi, ha visto al Padre” (Jn 14,9)

San Francisco, hombre de oración, siempre atento a la inspiración divina, en sus momentos de duda, le preguntaba a Dios: Señor, ¿qué quieres que haga? (TC 6). En la oración recibía la respuesta a sus preguntas inquietantes, porque siempre en el dialogo con Dios encontramos la luz para los pasos de nuestra vida. 

Jesús vivó plenamente su vocación de revelar el rostro del Padre y de dar la vida para salvarnos. Como san Francisco podemos caminar detrás del Maestro y aprender de Él como realizar mejor y plenamente nuestra vida y nuestra misión en este mundo.

fray Augustin Budau (OFMConv)

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