Francisco y el cántico de las criaturas

“Durante la enfermedad que sufrió en los ojos, obligan al Santo a que se deje curar, y llaman a un cirujano al lugar. Viene, pues, el cirujano, trayendo consigo un instrumento de hierro para cauterizar; y manda que lo tengan al fuego hasta volverse incandescente. Mas el bienaventurado Padre, animando a su cuerpo, que temblaba ya de horror, habla así al fuego: “Hermano fuego, el Altísimo te ha creado dotado de maravilloso esplendor sobre las demás criaturas, vigoroso, hermoso y útil. Sé ahora benigno conmigo, sé cortés, porque hace mucho que te amo en el Señor. Pido al gran Señor que te ha creado que temple tu ardor en esta hora, para que pueda soportarlo mientras me cauterizas suavemente”. Al término de esta plegaria hace la señal de la cruz sobre el fuego y queda audaz. El médico toma en las manos el hierro candente y tórrido, los hermanos huyen presa de la compasión, el Santo se ofrece, dispuesto y alegre, al hierro. Crepitante, penetra el hierro en la tierna carne, y el cauterio se extiende, sin solución de continuidad, de la oreja a la sobreceja”

(Vida segunda de san Francisco de Asís de Tomás de Celano n. 166)

No todos saben que san Francisco de Asís en los últimos años de su vida ha sufrido de una seria enfermedad a los ojos que lo llevó a ser prácticamente ciego.

Fue después de esta intervención que Francisco compuso el cántico de las criaturas. Después de aquella noche de tan gran dolor Francisco quiere agradecer y alabar a Dios con y para “todas las criaturas”. 

Para Francisco todas las cosas, siendo creadas por Dios, son consanguíneas: desde el hermano sol y la hermana tierra pasando por la luna, las estrellas, el viento, el aire, el cielo, el agua y el fuego. En todos estos elementos Francisco reconoce los rasgos del Creador, que es tal porque es Padre. 

Francisco contempla en las criaturas la continua obra de Dios en el mundo, por eso alaba a Dios, porque todas las criaturas son obras de Dios. Del cántico de las criaturas podemos aprender que quien alaba no odia, y que quien aprecia ama. Francisco nos invita a agradecer, a decir “gracias, porque estás”

Francisco sabe alabar, alaba al Señor “por la hermana agua que es tan útil, y humilde y preciosa y casta”, por “las estrellas que en el cielo las hiciste diáfanas, preciosas y hermosas”

¡Qué ejercicio tan importante saber alabar por nuestros hermanos y hermanas como Francisco alaba a las criaturas! No es un ejercicio fácil, es un compromiso que tenemos que llevar adelante cada día. Alabar es bendecir, que significa “decir bien”: ¡cuánto es valiente decir bien de todas las criaturas! Bendecir nos ayuda a tener un corazón agradecido, capaz de amar

A través de este ejercicio, Francisco es capaz de bendecir a Dios también por el dolor y la enfermedad. Cuando sufrimos buscamos siempre una causa y un por qué, y Francisco, del dolor y de la enfermedad, aprende a mirar la vida con ojos nuevos, a mirarla de manera diferente. 

Francisco llama hermana también a la muerte, porque al final de su vida es un hombre libre, reconciliado con Dios, con los hermanos y consigo mismo, tanto que puede bendecir lo que todos maldicen. Francisco mira el mundo y la vida con ojos diferentes, ojos que saben reconocer la obra de Dios en todas las criaturas: ojos que saben alabar y agradecer.

¡Feliz fiesta de san Francisco de Asís!

fray Matteo Martinelli (OFMConv)

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