Vayan y anuncien la buena nueva

Las lecturas bíblicas que nos ofrece la liturgia de la Palabra del domingo XV del tiempo Ordinario, hablan de quien es el profeta y como tiene que ser un estilo evangélico. El testimonio de vida del profeta Amós (primera lectura) y las palabras de Jesús a los apóstoles, nos pueden permitir hacer algo así como  un retrato-robot de la identidad del cristiano, a partir de los rasgos fundamentales, que  caracterizan la misión apostólica. Porque el cristiano, seguidor de Jesucristo, incluso antes  de llamarse así, era aquél que, desde la fe en Jesucristo como Señor, tomaba un nuevo  camino y se ponía en marcha para anunciar la Buena Noticia del Reino y para irla haciendo  realidad. El creyente en Cristo que se hace peregrino atrás del Maestro, deja el antiguo camino (pecado, idolatría, judaísmo, etc), para tomar otro camino un sendero más angosto y en subida, pero tiene como meta el Reino del Padre y asegura la felicidad plena de quien lo pisa.

En esta reflexión, quiero dejar de lado, muchas  de las provocaciones que hace Jesús, ofreciendo en este texto evangélico de San Marcos 6,7-13 el estilo de ser profeta, discípulo, misionero del evangelio. 

De las tres provocaciones que subrayo, la primera, la más importante y que está presente también en la primera lectura, es que el discípulo, o profeta de Jesús, sabe que es un elegido por Dios. Tomado aparte como los profetas, “el  Señor me sacó de junto al rebaño” (Amós). Jesús llamó a los Doce, llama a seguirle, invita  a ponerse en camino con El, como El. Escogido para ser enviado. Tomado por Dios como instrumento suyo.

La segunda y tercera son similares, la pobreza y la sencillez. El misionero tiene que ser esencial y desde la sencillez del caminante, que lleva lo necesario para vivir y lo  justo para anunciar, y que no busca instalarse y vive como caminante y peregrino. Confía en la Providencia del Padre que envía y acompaña, pero  también en el amor fraterno que acoge y comparte. El discípulo de Jesús porque es esencial y radical, no tiene ni busca tener.

Para finalizar esta reflexión deseo compartir con ustedes la experiencia de San Francisco de Asís que escuchando la palabra de Dios cambia completamente su estilo de vida. Así dice la Leyenda de los Tres Compañeros (cap. VIII n. 25):Habiendo escuchado un día, el bienaventurado Francisco, en la celebración de la misa lo que dice Cristo a sus discípulos cuando los envía a predicar, es a saber, que no lleven para el camino ni oro ni plata, ni alforja o zurrón, ni pan ni bastón, y que no usen calzado ni dos túnicas; y como comprendiera esto más claro por la explicación del sacerdote, dijo transportado de indecible júbilo: « Esto es lo que ansío cumplir con todas mis fuerzas ».

Y, grabadas en la memoria cuantas cosas había escuchado, se esforzó en cumplirlas con alegría; y adhiriéndose de todo corazón a las palabras de nueva gracia y pensando en cómo llevarlas a la práctica, empezó, por impulso divino, a anunciar la perfección del Evangelio y a predicar en público con sencillez la penitencia. 

San Francisco se dejó transformar por la palabra de Jesús; pedimos la fuerza también nosotros al Señor, para transformarnos y ser profetas, misioneros del Evangelio de Jesús.  Pedimos también que haya siempre en la Iglesia sacerdotes, religiosos y religiosas, que se entreguen totalmente a Dios y a los hermanos y a los hermanos más pobres.

Feliz semana a todos

      Fr. Ramón Zas (OFMConv) 

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