Y recuerden … no he venido a ser servido sino a servir

En las últimas líneas del capítulo IV de la Rnb, San Francisco escribe:

…Y recuerden los ministros y siervos que dice el Señor: No he venido a ser servido sino a servir, y que, porque les ha sido confiado el cuidado de las almas de los hermanos, si algo de ellos se pierde por su culpa y mal ejemplo, tendrán que dar cuenta en el día del juicio ante el Señor Jesucristo.[1]

Podríamos pensar que este pasaje evangélico está dirigido sólo a los superiores, pero no. San Francisco dice claramente que este capítulo está escrito para los ministros y siervos. Todos los hermanos estamos llamados a servir, cada uno desde su lugar y obediencia. Pero, como decíamos en la reflexión precedente, este capítulo sólo puede comprenderse a partir del espíritu de minoridad y fraternidad.

Cierto es que cuando se habla de fraternidad, pareciera que todos sabemos de lo que se habla, en mayor o menor medida, a pesar de que vivirla sea otro cantar. Pero cuando se habla de “ser menores” titubeamos o, en el peor de los casos, confundimos el ser menor con la humildad o la pobreza. Y pensamos: “somos menores si somos pobres, humildes o sumisos”. Si es este nuestro pensamiento, hemos reducido el significado que San Francisco quiso darle a esa palabra.

Hemos dicho al inicio de esta serie de reflexiones que la Rnb se funda en el Evangelio, en la persona de Cristo; pues bien, Jesucristo es el modelo y parámetro para comprender y vivir el “ser menor” que el Pobre de Asís propone.

El Verbo se hizo carne, se hizo menor, pequeño. Siendo el mayor de una gran multitud de hermanos, se hizo el menor. Esa salida, ese “y el Verbo se hizo carne”, lo llamamos Kénosis. El “ser menor” es igual a “ser kenóticos”. Seguir las huellas de Jesucristo es recrear este mismo movimiento, recrear la Kénosis en todo lo que hacemos; eso nos hace realmente “menores”. Si no comprendemos esto, nuestro servicio, nuestra pastoral, podrían tornarse en una simple búsqueda de vanagloria; nuestras relaciones podrían tornarse utilitaristas, déspotas, frías. Y así, nuestro ser franciscanos se convertiría sólo en una ilusión o, en el peor de los casos, en una máscara o un buen disfraz.

Pero este tema, tan importante y crucial para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, lo retomaremos más adelante en los próximos artículos.

¿Cómo vivir ese “ser menores” que San Francisco propone si no tenemos claro lo que eso mismo significa y conlleva? ¿Cómo llevar adelante los servicios, realidades, pastorales, relaciones, si no tomamos en cuenta ese “ser menores”? ¿Cómo entenderemos el ser ministros y siervos sin contemplar esos conceptos?

Escribe San Francisco: Y recuerden los ministros y siervos que dice el Señor:… ¿Qué es lo que nos dice hoy el Señor? Un texto que hoy cumple 800 años nos vuelve a interpelar y a poner en jaque.

Hasta la próxima reflexión.

Fray Elio J. ROJAS (OFMConv.)

[1] Rnb IV, 6.

Fuente: https://www.ofmconv.net/es/e-ricordate-non-sono-venuto-per-essere-servito-ma-per-servire/

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