Los dies obstáculos para una vocación (segunda parte)

Publicamos el tercero y cuarto obstáculos que nos pueden bloquear en un camino de discernimiento vocacional.

3) El juicio de los demás y las presiones externas.

En el tercer lugar del podio, ubicamos el rol negativo que pueden jugar las personas a nuestro alrededor y la sociedad en general.

En primer lugar, las presiones y expectativas de la familia o los amigos: muchas veces el camino de un/a joven se ve obstaculizado o desviado (a veces incluso bloqueado por completo) por quienes están más cerca de él/ella.

El juicio de las personas más cercanas es un elemento importante para todos, que no se puede ignorar. Cuando este «juicio», en lugar de basarse en el amor y la libertad, se alimenta de lógicas egoístas, de control o de satisfacción de necesidades personales, se convierte en un gran obstáculo para el proceso de crecimiento de la persona.

Hay jóvenes que se sienten interiormente obligados a seguir un determinado curso de estudios, carrera o incluso vocación, para cumplir con las expectativas de los padres. Cuántas veces he conocido a chicos y chicas atrapados en estos mecanismos…

El miedo a decepcionar o generar divisiones dentro de la familia puede poner en duda la elección vocacional. Los conflictos familiares y la falta de apoyo de los seres queridos hacia un camino que se vislumbra como bueno para uno mismo, pueden llevar a una gran frustración y dificultad, hasta que el joven termina por renunciar a su deseo más profundo, silenciándolo, y «obedeciendo» las expectativas de la familia…

Además, está la influencia implícita de las opiniones comunes, el grupo de amigos en general, los lugares comunes y las ideologías que prevalecen en nuestra sociedad. Los condicionamientos culturales y sociales pueden jugar un rol importante en la forma en que percibimos los distintos llamados vocacionales.

Las expectativas de la sociedad respecto a carreras prestigiosas o gratificantes en términos materiales, los estereotipos y los prejuicios, pueden hacer que los llamados vocacionales más humildes o menos convencionales se sientan inadecuados. El joven que se siente atraído hacia valores más altos, hacia el dar de sí mismo, escucha repetidamente (implícita o explícitamente): «¿quién te lo manda?», «piensa primero en ti mismo, ¡y vivirás mejor!»…

Es importante recordar, entonces, que cada uno tiene un camino único y personal que seguir. Por esta razón, si te encuentras en situaciones como estas, aprende a reconocer y filtrar las influencias externas, y escucha tu voz interior. Es fundamental liberarte de estas limitaciones y abrirte a las diferentes posibilidades y llamados que se presenten.»

4. Falta de conciencia de uno mismo

Si superas los primeros 3 obstáculos que hemos visto, ya estás en buen camino y el verdadero camino se abre ante ti. Sin embargo, en este punto, aunque te sientas más libre y dispuesto a abrirte a la voz del Espíritu, es posible que aún te sientas bloqueado e indeciso: ¿qué es lo que realmente quiero?

Esta pregunta es crucial en el discernimiento y puede generar crisis en muchos jóvenes:

  • ¿Qué es lo que realmente deseo para mi vida?
  • ¿Qué es lo que realmente me apasiona, qué es lo que me atrae?
  • ¿Por qué (o más bien, por quién) siento que quiero entregarme?

La dificultad para responder a esta pregunta revela una falta de autoconciencia. Comprender nuestros propios talentos, intereses, pasiones, valores y prioridades es fundamental para conocernos a fondo y, en consecuencia, tomar decisiones buenas y auténticas para nosotros mismos.

A menudo, la dificultad para conectarnos con nuestra interioridad se debe a cierta superficialidad: el conocimiento de uno mismo requiere tiempo, paciencia, compromiso y fuerza de voluntad. No se puede pretender conocerse automáticamente, de manera «natural», sin esfuerzo.

Es esencial dedicar tiempo (mucho tiempo) a conectarnos con nosotros mismos, con nuestro mundo interior, incluso utilizando técnicas que puedan ayudarnos en esto (por ejemplo, la atención plena o mindfulness) y, sobre todo, buscando ayuda de nuestra guía espiritual. Si renuncias a trabajar en tu autoconciencia, el riesgo será siempre tomar decisiones precipitadas y superficiales, o simplemente no llegar a ningún lado.

fray Nico

(articulo libremente extraído del blog Vocación Franciscana)

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