Los dies obstáculos para una vocación (tercera parte)

Seguimos publicando unos de los obstáculos que nos pueden bloquear en un camino de discernimiento vocacional. Hoy publicamos el quinto y el sexto obstáculos.

5) Resistencia al cambio

Si has logrado adentrarte en lo más profundo de ti mismo y tener más claridad sobre hacia qué meta te sientes atraído, es posible que aún te sientas atrapado en la elección que tienes por delante. Quisieras dar el paso, pero tus pies se niegan a desprenderse del suelo.

Cada elección implica aceptar un cambio. Cada cambio significa abandonar viejos hábitos, relaciones, sueños, expectativas y zonas de confort para dirigirse hacia lo desconocido. Que, a pesar de atraernos, sigue siendo desconocido.

Todos nosotros, como seres humanos, tenemos cierta «resistencia al cambio»: una parte de nosotros siempre tiende a conservar, a mantenernos en nuestras posiciones. Esta parte entra en conflicto con otra parte, la que nos impulsa hacia adelante, a dar el tan anhelado paso, a correr riesgos.

Se trata de aprender a hacer prevalecer esta última sobre la primera. Escuchar nuestras legítimas dificultades, nuestras perezas, nuestro egoísmo, nuestro miedo a lo nuevo, aprender a sentir todas estas cosas dentro de nosotros, darles cabida. Pero luego también aprender a elegir de manera libre de estos elementos, a elegir según otras fuerzas que habitan en nosotros: el deseo, el fuego que arde en nuestro corazón, el impulso de ir, entregarse, arriesgarse por algo grande.

6) Expectativas irreales

Un obstáculo muy serio que puede comprometer siempre en la búsqueda vocacional es tener expectativas irreales sobre lo que nos espera siguiendo cierto camino.

Las expectativas irreales pueden ser de diversos tipos:

  • A veces alguien imagina que una cierta vocación es extremadamente difícil, exigente, casi de superhéroes, llena de renuncias y dolores, hecha de sufrimientos y privaciones… No hace falta decir que a partir de visiones tan estereotipadas de la vida cristiana solo se puede obtener miedo y ansiedad… Sin duda, cada vocación tiene sus demandas y sus esfuerzos, pero la esencia del camino detrás del Señor es siempre alegría, vida plena, felicidad profunda.
  • A veces alguien más, por el contrario, se imagina que el camino vocacional es fácil, que no tiene ningún obstáculos y puede «resolver totalmente sus problemas». A menudo, por ejemplo, alguien nos escribe diciendo que quiere entrar en un convento para escapar del mundo, para «estar en paz y armonía»… pero una vocación nunca es una huida, nunca es un nido donde refugiarse, nunca es simplemente buscar el bienestar personal.
  • Luego están aquellos que esperan que todo sea claro y «rápido». Tal vez llegan a nosotros, los frailes, ya habiendo hecho un «discernimiento», sabiendo cuál es su camino, imaginándose que ya han llegado al final de un camino que aún está por comenzar… Las expectativas irreales siempre derivan de la falta de experiencia directa y personal. Cuando se intuye que cierto camino nos atrae, lo más sensato e inteligente es conocer bien ese camino, encontrarse con personas que ya viven esa vida, confrontarse y hacer preguntas.

Después de esos primeros encuentros, siempre es importante poder experimentar «pequeños sabores en vivo» de la forma de vida sobre la cual estamos discerniendo, o sea vivir unos días con los frailes . Nosotros, los frailes, por ejemplo, siempre brindamos la oportunidad de pasar fines de semana en el convento con nosotros, para conocer nuestra vida desde adentro y así poder vivir un discernimiento más realista, verdadero, con los pies bien plantados en la tierra.

fray Nico

(articulo libremente extraído del blog Vocación Franciscana)

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