La concretización de un camino cristiano

Todos estamos llamados por Dios a una vocación, es decir, a seguirlo de una manera especial. Hay un fundamento que une a todas las vocaciones, es la persona de Jesús, haber hecho experiencia de Él; pero la forma, el cómo se exprime, el cómo se construye sobre ese fundamento, es diferente y puede tomar formas muy variadas. La vida religiosa es una de esas.

Hay momentos en la vida donde hay que decidir cosas más o menos importantes: que carrera voy a estudiar, que voy a comer, donde voy a ir de vacaciones, etc. Y llega el momento, al menos en la vida de un cristiano, de preguntarse ¿En qué modo puedo servir mejor a Dios? ¿Qué quiere Dios de mí? O en otras palabras, ¿En cuál estado de vida voy a ser más feliz? ¡Ojo! No confundir la vocación con ejercer una profesión como médico, profesor, vendedor, etc. sino, más bien, verla, como un estado de vida: casado, soltero, religioso, sacerdote, eremita, etc. 

El camino del cristiano se va concretizando con las decisiones que se toman en el camino. En mi caso son: la entrada en el convento, la profesión temporánea y después la profesión perpetua. Etapas que van definiendo la vida y el modo de servir a Dios. Con la profesión perpetua me comprometí para toda la vida servir a Dios viviendo como fraile franciscano. Para mí es la mejor forma de servir a Dios porque soy feliz en esta vida. La felicidad a la que me refiero va más allá del estado emocional, tiene que ver, pero no es lo más importante, porque el estado emocional varía muy rápido. Es una felicidad más duradera, más amplia, que tiene cuenta de la vida donde vez que, a pesar de todo, vale la pena.

La capacidad de decidir no es fácil, por lo que no hay que tomarla a la ligera, sobre todo cuando lo que decides condicionará tu futuro, por lo que, es bueno dejarse ayudar por otras personas en la cuales confiemos y estemos seguros. Solo dejarse ayudar y no que decidan por nosotros, porque uno tiene la última y no el otro.

La felicidad, podríamos decir que es uno de los criterios para saber si se va por buen camino. No poniendo en primer lugar la felicidad emocional, sino, más bien, sentir de estar haciendo lo correcto, de estar dando respuesta a lo que fuiste llamado. 

Para nosotros, los cristianos, la felicidad se encuentra cuando se realiza la propia vocación. Para lograrlo el camino no es fácil, te encontrarás con muchos obstáculos que te harán dudar de lo que estás haciendo. Por eso, es importante dejarse ayudar por personas competentes y de confianza, para que nos ayude a discernir y tomar buenas decisiones. Así poder llevar a la práctica esas decisiones, haciéndolas concretas.

fray Augusto Urzua (OFMConv)

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