Nosotros los Hermanos Menores Conventuales: hermanos de la fraternidad

Nuestra vocación de frailes franciscanos nunca se vive en un camino individual (como puede ocurrir a otros religiosos y consagrados), sino siempre «juntos».

San Francisco amaba repetir: «¡El Señor me ha dado hermanos!». Y en efecto, su vocación y su historia de vida, su misma santidad hubiera sido muy diferente sin la cercanía, la amistad, la profunda comunión con otros hermanos que pronto acudieron a él para compartir sus ideales y entusiasmo evangélico.

En la Orden Franciscana, los Frailes Menores Conventuales (custodios de las tumbas de San Francisco y San Antonio) nos distinguimos por esta nota específica.

La calificación de «conventuales» (o «frailes de la comunidad») se añadió casi desde el principio no tanto para enfatizar un lugar físico (el convento), sino la referencia fundacional dada precisamente a la fraternidad, a la vida común, a la «cum- viniendo» (del latín) es decir, a «juntarse» juntos…, a «compartir», a una plena comunión humana y espiritual que los caracterizó en todo. La comunidad, en su dimensión fraterna, sigue siendo, pues, el corazón palpitante de todo convento, pero constituye también su desafío cotidiano.

Para nosotros frailes franciscano conventuales de la delegación de Chile la fraternidad es una prioridad como delegación, juntarnos varias veces en el año para momentos de retiro, formación, planificación, discernir juntos el futuro de nuestra delegación y momentos de fraternidad o simple compartir, con nuestras dos comunidades de Santiago y Curicó. 

La fraternidad como todo corazón, en efecto, pide que se lo reanime, sostenga y controle continuamente y se le mantenga en ejercicio para evitar «esclerocardias, infartos y mala circulación sanguínea». Disculpen estas similitudes de salud, pero me parece que pueden representar bien los peligros que inevitablemente también se ciernen sobre nuestras fraternidades. ¡El individualismo, por ejemplo, es un veneno demasiado difundido como para no sentir el contagio ni siquiera en los conventos!

Cada vez el antídoto es el Evangelio, la alegría de tener un Padre en el cielo y la consiguiente llamada a sentirnos todos hijos y hermanos en un camino cotidiano de mutua conversión, humildad y escucha recíproca. ¡Un hermoso camino de gran testimonio, siempre audaz y nunca previsible! ¡Pero san Francisco y san Antonio, nuestros hermanos mayores y el pequeño y apasionado ejemplo de tantos frailes sencillos, son un gran consuelo y apoyo en este sentido! Con ellos, pues, elevemos siempre nuestra alabanza al Señor Jesús.

p. Alberto (OFM Conv)

Artículo extraído del blog Vocación franciscana de nuestros frailes italianos

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