Para discernir: la oración

En los últimos dos articulo hemos hablado de la importancia en un camino de discernimiento vocacional de tener un acompañante espiritual y de vivir nuestro proceso adentro de la Iglesia. Hoy hablamos de la oración, que es el fundamento con quién empezar cualquier proceso de discernimiento espiritual.

Discernir la propia vocación es una actividad espiritual. Esto no quiere decir que sea «inmaterial» o poco humano: es profundamente humano y profundamente divino. Debe tener en cuenta quién eres como hombre o mujer, con tus características. Pero al mismo tiempo es una obra de fe, fruto del Espíritu del Señor y de su santa operación”, como diría san Francisco.

He aquí una buena síntesis: el discernimiento vocacional es una actividad espiritual; es decir, el Espíritu Santo la realiza en el corazón del fiel, que así se conoce mejor a sí mismo y la dirección que Dios quiere dar a su vida. Sin embargo, el camino de discernimiento no es un simple proceso de comprensión. Si es importante que venga la luz, es igualmente importante que venga la fuerza.

Oración personal y litúrgica

Una primera condición e instrumento para el discernimiento es tener una verdadera vida de oración. Dios habla de muchas maneras, pero la mejor manera es aquella en la que tú mismo te dispones libremente en relación con Él. Es importante cultivar un diálogo diario, en el que cada día tengas espacio y tiempo para el Señor.

Oración litúrgica

En primer lugar, asiste fielmente a la Santa Misa dominical; tal vez preparándose durante la semana, meditando el Evangelio y otras lecturas dominicales. Otro elemento importante es el de la oración diaria sobre el Evangelio del día (fácilmente disponible en Internet): ideal sobre todo si ya se ha madurado el hábito de participar a la Misa también en la semana.

La extensión natural de la Misa es la Adoración Eucarística: adorar al Señor «en espíritu y en verdad» en esta Presencia suya real y eficaz, nos permite prolongar ese diálogo del que Él toma la iniciativa en el don de la Palabra escuchada. Finalmente, si ya te has iniciado un poco en el gusto y la práctica de la Liturgia de las Horas, es bueno que aprendas a celebrarla diariamente, comenzando por las Horas Mayores (Laudes y Vísperas) y/o Completas, compatible con tus compromisos de estudio o trabajo.

Oración personal

Si la liturgia es «fuente y cumbre» (SC 10), madre y maestra de toda oración, sin embargo es hermoso e importante tener aún más “tus» espacios de oración. Aquí es posible dejarse guiar por algunas modalidades que nos regala la sabiduría y la devoción popular: la oración a María del Rosario, la tradición franciscana del Vía Crucis, la coronilla de la Divina Misericordia

Pero no descuides una oración más inmediata y espontánea’, en la que “el corazón habla al corazón”, como diría el Beato Cardenal Newman con su lema episcopal: aquí las experiencias concretas, los pensamientos, los errores y los pecados, las alegrías y las penas, las dudas, las incertidumbres y los entusiasmos encuentran espacio para expresarse. Así no dejarán el corazón solo y tanto en el callejón sin salida de las quejas o de las “piadosas intenciones”’, sino que podrás exponerlos voluntariamente a la mirada misericordiosa, purificadora, iluminadora de Dios… El Espíritu Santo (y lo comprueba con tu acompañante espiritual) sabrá enseñarte a orar por tu vida, dosificando alabanza y acción de gracias, súplica e intercesión, invocación…

Al cultivar tu vida de oración, te pones en el lugar del joven Samuel, que aprende a intuir y luego a reconocer y, finalmente, a responder adecuadamente a la voz de Dios que le llega (1Sam 3, 1-10). Esto es exactamente lo que debes y quieres hacer en tu camino de discernimiento vocacional.

fray Francesco Ravaioli (OFMConv)

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