¡ Ha llegado el momento ¡

El miércoles pasado, con la imposición de la ceniza, comenzó la Cuaresma y, en el primer domingo de este tiempo fuerte, el evangelista Marcos nos dice que el Espíritu, después del bautismo en el Jordán, llevó a Jesús en el desierto donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás.

​Más que una descripción fotográfica de acontecimientos concretos, se trata de una catequesis, cargada de símbolos. El desierto es el lugar privilegiado del encuentro con Dios pero también el lugar de la “prueba”. Es al desierto a donde va Jesús y, por tanto, el “lugar” del encuentro con Dios y es el “lugar” de la prueba

​En ese “desierto”, Jesús se quedó “cuarenta días”. El número “cuarenta” recuerda los cuarenta años que el pueblo de Israel permaneció en el desierto antes de entrar a la tierra prometida. Con eso el evangelista quiere mostrarnos que toda la vida de Jesús fue un caminar en el desierto y que fue tentado muchas veces hasta el momento de su muerte.

​En el desierto Jesús se enfrentó a la tentación de abandonar el proyecto de Dios y de seguir otros caminos. Hay dos caminos, dos propuestas de vida: o vivir en la fidelidad a los proyectos del Padre, haciendo de su vida una entrega de amor, o frustrar los planes de Dios, dirigiéndose por un camino mesiánico de poder y de ambición, a imagen de los grandes de este mundo. 

Jesús eligió vivir en la obediencia a la propuesta del Padre.

​En la segunda parte del Evangelio, Marcos nos transporta a Galilea donde Jesús comienza anunciando que “ha llegado el tiempo”. Es el “tiempo” del “Reino de Dios”. La expresión “Reino de Dios” resume la esperanza de Israel en un mundo nuevo, de paz y de abundancia, preparado por Dios para su Pueblo. Jesús comienza, precisamente, la construcción de ese “Reino” pidiendo a sus contemporáneos la conversión y que crean en la Buena Noticia, que crean en Él.

​“Convertirse” significa transformar la mentalidad y los comportamientos, asumir una nueva actitud de base, reformular los valores que orientan la propia vida. Es reordenar la vida, de modo que Dios pase a estar en el centro de la existencia. En la perspectiva de Jesús, no es posible que ese mundo nuevo de amor y de paz se haga realidad sin que el hombre renuncie al egoísmo, al orgullo, a la autosuficiencia y pase a escuchar, de nuevo, a Dios. “Creer” no es, solamente, aceptar un conjunto de verdades intelectuales; sino que es, sobre todo, adherirse a la persona de Jesús, escuchar su propuesta, acogerla en el corazón, hacer de ella la guía de la propia vida. 

​Frente a la propuesta de Jesús que nos dice: Ha llegado el momento”, por lo general, siempre esperamos después:  después lo haré… en cuanto se solucione este problema entonces será más fácil. En cambio, la primera palabra de Jesús es: el tiempo se ha cumplido. Es decir: este es el momentopara decidirse por Él… ¡de manera seria y definitiva!.

​No es que nosotros no seamos cristianos. Lo somos desde mucho tiempo…pero en nuestra vida hay muchas cosas que cristianas no son… ¿Qué quiere decir? Que ser cristiano es también un camino donde, en la medida que la relación con Jesús es profunda, voy entendiendo los cambios que necesito dar. ¡Y aquí nace la tentación! Seremos tentados sólo si hemos decidido, en el profundo de nuestro corazón, ser cristianos, pertenecer al Señor, hacer su voluntad. De lo contrario no vamos a ser tentado porque Satanás no tienta a quien ya le pertenece.

​Por eso en la cuaresma se habla de lucha, de conversión: porque renunciar al mal (egoísmo, hipocresía, soberbia, falsedad, adulterio, etc.) es emprender una lucha que nos llevará, en la Pascua de resurrección, a decirle“no” a Satanás y “si” a Señor.

A todos y a todas… ¡buen camino!

Fray  Maurizio Bridio, OFMConv.

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