Notas practicas para el encuentro con Dios (parte 1)

«Jahvé hablaba con Moisés cara a cara, como quien habla con su amigo» (Éxodo 33, 11). 

El dialogo entre Moisés y Dios es un diálogo de amistad al que todos estamos llamados.

El cristiano es aquel que se ha puesto bajo la enseñanza de Dios. María, la hermana de Marta y Lazaro, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra (ver Lc 10, 38-41); la oración nos lleva y nos mantiene a los pies de Jesús, como su madre, quien «conservaba y meditaba todo en su corazón” (Lc 2, 19).

Dios es aquel que nos ama y quiere nuestra respuesta de amor. Por eso debemos vivir como amigos del Señor, debemos amarlo. «Busco tu rostro, Señor» (Salmo 27,8).

La amistad humana también procede así: los amigos aman encontrarse y de cada encuentro la amistad nace aún más fuerte y más profunda.

La oración es un hecho en nuestras vidas como creyentes, como discípulos del Señor. Es algo que se hace, la oración cristiana, y por lo tanto algo que se puede observar y describir.

Es muy importante que de vez en cuando (San Ignacio de Loyola aconseja hacerlo al final de cada momento de oración) nos detengamos a observar cómo va nuestra oración. Es decir, que intentemos hablar de ella, contarla, describirla, al acompañante espiritual, por ejemplo. Este es solo el primer paso, es intentar una fenomenología de la oración, luego habría que verificar si lo que hacemos, lo que ponemos en práctica, es realmente una oración cristiana (¡no porque hagamos adoración nuestra oración es automáticamente cristiana!), .

El camino a Dios a sido descrito de muchas maneras en la larga tradición de la Iglesia. Es muy conocida y difundida su división tripartitica. Para la unión del alma con Dios se establecía el seguimiento de tres vías, procedimientos, pasos o fases, según el Tratado espiritual de las tres vías, purgativa, iluminativa y unitiva de Bernardo Fontova (Valencia, 1390-1460): 

  • via purgativa: se remueven con gran esfuerzo los grandes obstáculos que nos mantienen alejados de Dios.
  • via iluminativa: se trabaja de una manera mas sutil en el progreso de lo bueno a lo mejor. Uno aprende a manejarse con su carácter, a indagar en los trasfondos de sus acciones, se exploran las perturbaciones incipientes y se elabora el pasado. Se aprende a valorar lo bueno y a tratarse bien a si mismo. La peta es la apropiación de las virtudes. Nos volvimos “mas humanos” por lo tanto mas parecido a Cristo (perfección cristiana). (en esta etapa estamos el la oración pre-contemplativa)
  • via unitiva: esta fase se denomina mistica (observación y contemplación). Esta etapa implica el mayor cambio. Dios asume la iniciativa y el hombre debe entregarse completamente a el. Durante la oración toda su atención esta dirigida unica y exclusivamente a Dios. Dios actúa. El hombre vive, pero mas  que el mismo vive Cristo en el (Gal 2,20). El esfuerzo del hombre consiste en orientarse absolutamente hacia Dios.

Importante: Dios guíaa muchos a la contemplación sin ayuda externa alguna. No pocas veces se sirve de circunstancias naturales. Una vida sencilla en el amor, algunos años de enfermedad, un encuentro con la muerte, el dejar “nuestra tierra” para convivir con los pobres y otros acontecimientos pueden llevar a la contemplación.

Dios es simple y el camino que Jesus muestra hacia su Padre es un camino sumamente simple. No siempre es un sendero fácil. pero si un camino sencillo y poco complicado. Consiste justamente en la modesta, humilde y constante orientación hacia Dios.

Las sagradas Escrituras son el fundamento y crean el ambiente para la contemplación.

El texto que proporcionaste es bastante profundo y reflexivo. Aquí tienes algunas correcciones y sugerencias:

«Jahvé hablaba con Moisés cara a cara, como quien habla con su amigo» (Éxodo 33, 11).

El diálogo entre Moisés y Dios es un diálogo de amistad al que todos estamos llamados. 

El cristiano es aquel que se ha puesto bajo la enseñanza de Dios. María, la hermana de Marta y Lázaro, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra (ver Lc 10, 38-41); la oración nos lleva y nos mantiene a los pies de Jesús, como su madre, quien «conservaba y meditaba todo en su corazón” (Lc 2, 19).

Dios es aquel que nos ama y quiere nuestra respuesta de amor. Por eso debemos vivir como amigos del Señor, debemos amarlo. «Busco tu rostro, Señor» (Salmo 27, 8).

La amistad humana también procede así: los amigos aman encontrarse y de cada encuentro la amistad nace aún más fuerte y más profunda.

La oración es un hecho en nuestras vidas como creyentes, como discípulos del Señor. Es algo que se hace, la oración cristiana, y por lo tanto algo que se puede observar y describir. Es muy importante que de vez en cuando (San Ignacio de Loyola aconseja hacerlo al final de cada momento de oración) nos detengamos a observar cómo va nuestra oración. Es decir, que intentemos hablar de ella, contarla, describirla, al acompañante espiritual, por ejemplo. Este es solo el primer paso, es intentar una fenomenología de la oración, luego habría que verificar si lo que hacemos, lo que ponemos en práctica, es realmente una oración cristiana (¡no porque hagamos adoración nuestra oración es automáticamente cristiana!).

El camino a Dios ha sido descrito de muchas maneras en la larga tradición de la Iglesia. Es muy conocida y difundida su división tripartita. Para la unión del alma con Dios se establecía el seguimiento de tres vías, procedimientos, pasos o fases, según el Tratado espiritual de las tres vías, purgativa, iluminativa y unitiva de Bernardo Fontova (Valencia, 1390-1460):

  • Vía purgativa: se remueven con gran esfuerzo los grandes obstáculos que nos mantienen alejados de Dios.
  • Vía iluminativa: se trabaja de una manera más sutil en el progreso de lo bueno a lo mejor. Uno aprende a manejarse con su carácter, a indagar en los trasfondos de sus acciones, se exploran las perturbaciones incipientes y se elabora el pasado. Se aprende a valorar lo bueno y a tratarse bien a sí mismo. La meta es la apropiación de las virtudes. Nos volvemos “más humanos”, por lo tanto más parecidos a Cristo (perfección cristiana). (En esta etapa estamos en la oración pre-contemplativa).
  • Vía unitiva: esta fase se denomina mística (observación y contemplación). Implica el mayor cambio. Dios asume la iniciativa y el hombre debe entregarse completamente a Él. Durante la oración, toda su atención está dirigida únicamente a Dios. Dios actúa. El hombre vive, pero más que él mismo, vive Cristo en él (Gálatas 2, 20). El esfuerzo del hombre consiste en orientarse absolutamente hacia Dios.

Importante: Dios guía a muchos a la contemplación sin ayuda externa alguna. No pocas veces se sirve de circunstancias naturales. Una vida sencilla en el amor, algunos años de enfermedad, un encuentro con la muerte, el dejar “nuestra tierra” para convivir con los pobres y otros acontecimientos pueden llevar a la contemplación. Dios es simple y el camino que Jesús muestra hacia su Padre es sumamente simple. No siempre es un sendero fácil, pero es un camino sencillo y poco complicado. Consiste justamente en la modesta, humilde y constante orientación hacia Dios. Las Sagradas Escrituras son el fundamento y crean el ambiente para la contemplación.

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