La vocación: ¿Tabú o oportunidad?

Hoy intentamos romper el tabú que hay detrás de la palabra «vocación» y comprender cómo puede transformarse en una gran oportunidad.

En la vocación está el sentido de nuestra vida. Es viviéndola que podemos alcanzar el máximo de nuestras potencialidades y nuestra capacidad de entrega. En la realización del proyecto que Dios ha pensado para nosotros está el secreto de la felicidad.

El tabú que hay detrás de la palabra vocación


La vocación es una realidad muy rica y compleja. Podría representarse como un punto de síntesis y equilibrio entre varias componentes. Expresión del diálogo entre la voluntad de Dios y la del ser humano, se concreta en el encuentro entre las riquezas de la persona y los llamados que la vida le hace a cada uno, entre el propio deseo de libertad y el sentido de responsabilidad, entre las necesidades del individuo y las expectativas de la comunidad, entre la experiencia pasada y el proyecto de uno mismo.

Todo esto hace de la vocación una realidad relacional y dinámica que se desarrolla gracias a la capacidad de autodeterminación del sujeto. Cambia al cambiar las circunstancias, aunque sigue un hilo lógico, providencialmente trazado, que se vuelve comprensible para el individuo solo al hacer una lectura retrospectiva, profunda y iluminada, de su propia historia.

El sufrimiento de una vida sin sentido

La palabra «vocación» viene del latín y significa «llamado». Es Dios quien llama al hombre: a cada persona le confía una misión, un proyecto para realizar. El individuo tiene la tarea de responder al llamado de Dios. Solamente quien «acierta con su vocación» realiza plenamente su vida, gastándola en el objetivo para el cual fue creado.

A este respecto, es interesante notar cómo la etimología de la palabra «pecado» en hebreo significa justamente «errar en el blanco», «no dar en el objetivo», «caminar fuera del camino»; en otras palabras, estar fuera del proyecto de Dios.

Por el contrario, seguramente habrás experimentado lo pacífico que es vivir al lado de personas que han acertado plenamente en su vocación, que con equilibrio saben aprovechar sus potencialidades y aceptar sus limitaciones. Son individuos profundamente en paz consigo mismos y con los demás porque están «en su lugar».

Incluso la psicología, utilizando la categoría de la significatividad, nos ofrece una reflexión muy interesante. Viktor E. Frankl, psicoterapeuta vienés, afirma: «Cada época tiene su neurosis. En realidad, hoy no enfrentamos, como en tiempos de Freud, una frustración sexual, sino más bien una frustración existencial. El paciente de hoy sufre de un profundo sentimiento de insignificancia, íntimamente relacionado con un vacío existencial».

Quien no descubre el sentido de su vida, o en otras palabras, su vocación, está condenado a la frustración y al vacío interior. Un vacío que se va abriendo paso también entre los jóvenes. Los intentos de escapar de este sentimiento son variados (estresarse con mil actividades, emborracharse, drogarse, aturdirse con la música, tener sexo, etc.), pero todos ineficaces.

A todos se les ha dado una vocación para realizar

No es fácil hablar hoy a los jóvenes sobre vocación debido a los muchos prejuicios que con el tiempo se han ido formando sobre este tema. Por eso, antes de entrar de lleno en el asunto, estoy obligado a hacer un trabajo previo para despejar el camino de tantos preconceptos.

La idea más peligrosa es que la vocación no le interesa a todos, sino solo a algunos: aquellos que están llamados a ser sacerdotes o monjas. Afortunadamente, el Concilio Vaticano II se opuso a esta forma de pensar, afirmando que todos somos llamados, que a todos Dios les confía una vocación, que todos estamos llamados a la santidad, a la radicalidad evangélica.

Es interesante cómo san Juan Pablo II, en la encíclica sobre los laicos (Christifideles laici, 16), hablando de la vocación de todos a la santidad, afirma que «esta fue la principal entrega confiada por el Concilio […] a la Iglesia». ¿Entiendes? El Papa dice que lo más importante que dijo el Concilio es que todos estamos llamados a ser santos.

Todos estamos llamados a la santidad

Este es el sueño que Dios tiene para cada uno de nosotros. La santidad, como hemos visto, no es un privilegio para los más guapos o los más simpáticos. ¡Dios quiere que todos seamos santos, incluso tú! Para eso fuiste creado. Este es el deseo más profundo que llevamos dentro de nosotros. Es el anhelo hacia el cual se orienta tu propia naturaleza.

Así como no le puedes pedir a una vaca que te dé vino si fue creada para dar leche, no puedes pedirte a ti mismo vivir una vida de compromisos si fuiste creado para la santidad. Esta es la única vía que puede darte la felicidad que tanto anhelas. Por todo esto, es importante vencer el miedo a enfrentarte con ello. Es necesario, entonces, aclarar las cosas.

Una premisa: ¡Dios no juega a las escondidas!

Es necesario desmentir inmediatamente una idea equivocada que dice que descubrir la propia vocación es realmente difícil. Es cierto, Dios no te va a llamar por teléfono para decirte lo que quiere de ti. Para entender tu vocación, necesitas compromiso y discernimiento.

Sin embargo, también es ridícula la idea de un Dios que juega a esconderse. ¡No es así! La vocación, antes de ser nuestro problema, es algo que Dios mismo quiere comunicarnos. Dios quiere que conozcamos el sentido de nuestra vida, mucho más de lo que nosotros mismos lo deseamos. Así que Él hace de todo para comunicárnoslo.

El problema no está en Él, sino en nosotros, que no queremos escucharlo. Todos lo sabemos muy bien: ¡no hay peor sordo que el que no quiere oír! Así que ponte en la búsqueda de tu vocación con la certeza de que: ¡Dios quiere hablarme!

Mantén vivo, entonces, el deseo de saber cuál es la voluntad de Dios sobre ti y no pongas resistencia.

Algunas preguntas que te ayudan en tu búsqueda vocacional

  • En cuanto a mi búsqueda vocacional, ¿tengo algún elemento claro? ¿Algo que ya me quede claro, alguna sensibilidad particular, alguna amistad o conocimiento significativo que me ayude a crecer en este sentido, alguna aspiración profunda, alguna experiencia significativa, etc.?
  • En cuanto a mi búsqueda vocacional, ¿cuáles son los obstáculos que encuentro? ¿Cuáles son mis miedos, mis problemas, mis dudas, mis resistencias, mis limitaciones, etc.?
  • En cuanto a mi búsqueda vocacional, ¿qué es lo que debería hacer? ¿Cuáles son los aspectos positivos a consolidar, los límites a superar? ¿Qué herramientas o qué decisiones me pueden ser de ayuda?

Si lo deseas, para aclaraciones o preguntas, puedes escribirme y contactarnos, te responderemos personalmente.

Al Señor Jesús, siempre nuestra alabanza.

fray Alberto

(articulo libremente extraído del blog Vocación Franciscana)

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