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A recuerdo del p. Pedro
«El sembrador siembra la Palabra… los sembrados en tierra buena: son aquellos que escuchan la Palabra, la acogen y dan fruto, treinta, sesenta, cien por uno» (Mc, 4,20).
El evangelio que la liturgia de hoy nos presenta puede resumir bien la vida de P. Pedro, un hermano y buen pastor que se sintió instrumento del Señor y fue un sembrador en tierra de misión, primero en su amada Argentina y luego durante veinte años en la igualmente amada tierra chilena. P. Pedro acogió la Palabra y dio frutos en abundancia, como lo demuestran los muchos mensajes que nos han llegado en estos días, resumidos en estas palabras: «Agradezco al Señor por haber conocido al P. Pedro, un buen hermano y pastor, amado, carismático y que sabía, en su sencillez, llegar al corazón de todos nosotros».
El lugar que a P. Pedro le gustaba frecuentar mucho era el confesionario. Era buscado por sus consejos y, sobre todo, porque para muchos fue un «padre» acogedor y bueno, que sabía acompañar en las dificultades y el dolor.

Para nosotros, los hermanos de la delegación, siempre fue un punto de referencia, por su sabiduría, consejos y la experiencia que tenía en tantos años de misión. Lideró la delegación desde el principio asumiendo la responsabilidad de una misión que comenzaba y transmitiendo las «ideas fuerza», como él las llamaba, los valores que fueron los pilares de nuestra Delegación.
Sus habilidades para el diseño y los proyectos lo vieron comprometido con pasión en la construcción del convento de Santiago y Curicó, con la preocupación de que los hermanos pudieran tener espacios adecuados para la vida fraterna y personal. Siempre lo recordamos con simpatía y afecto en nuestras reuniones y momentos fraternos, con la sencillez con la que compartía los momentos de vida fraterna.
En estos días, reunidos en la Asamblea FALC con ministros provinciales, custodios y delegados, he notado cuán significativo fue P. Pedro también en otros países de América Latina que visitó en sus muchos años como hermano misionero; hermanos y pueblo de Dios que lo recuerdan con mucho aprecio y estima.
Querido Pedro, que ahora puedas presentarte ante el Señor con las manos llenas de frutos buenos y abundantes que sembraste en tus pasos por la tierra latinoamericana, y te pedimos que intercedas por nuestra delegación y por las vocaciones en esta tierra chilena.
Por los hermanos de la delegación de Chile,
Fr. Fabrizio Restante
Delegado.




