Un camino de fe y fraternidad

Durante 21 días trece jóvenes peregrinos de Santiago y Curicó emprendimos un camino que nos llevó a recorrer cada uno de los lugares que cimentan nuestra espiritualidad Franciscana y fortalecen nuestra fe. Este viaje marcado por el Jubileo de Jóvenes y de la experiencia Giovani verso Assisi, fue mucho más que un itinerario: fue un verdadero encuentro con Dios, con nosotros mismos y con hermanos de todo el mundo. En él, vivimos jornadas llenas de oración, cantos, alabanzas, risas y momentos de profundo recogimiento

Jovenes misioneros en Asìs

Cada día vivido fue un regalo: oramos en basílicas llenas de historia y fe, y también en medio de la serenidad de la naturaleza, recordando que Dios se hace presente en lo grandioso y en lo sencillo. Compartimos reflexiones que nos ayudaron a crecer como personas, juegos que nos llenaron de alegría y momentos de silencio que nos acercaron al corazón de Cristo, pero, sobre todo, tuvimos la tremenda oportunidad de conocer muchos de los conventos que forman parte importante de la Orden de Franciscanos Menores Conventuales, donde cada uno de los frailes nos recibió con cariño y total disposición, sintiendo en cada gesto la verdadera fraternidad franciscana.

A lo largo de estos días, cada uno tuvo la oportunidad de reconectar con ese Dios que nos ama y que nos acompaña siempre, ya sea desde la inmensidad de una basílica, como desde la tranquilidad que nos entrega la naturaleza.

Esta experiencia no solo nos permitió reconectar con ese Dios que nos ama y nos acompaña siempre, sino también, encontrarnos con miles de jóvenes de distintas partes del mundo que, al igual que nosotros, creen en un Dios vivo y misericordioso, y que caminan con la convicción de que la fe transforma vidas. Fue un tiempo de enriquecimiento personal y espiritual, de apertura a nuevas amistades y de esperanza en medio de los desafíos que enfrenta nuestro mundo.

Regresamos a Chile con el corazón renovado y colmado de gratitud y esperanza, sabiendo que este viaje nos ha fortalecido en la fe y en el compromiso de ser testigos vivos del amor de Cristo en el mundo. Volvemos a nuestros hogares llevando en el corazón y en la mente preciosos recuerdos que, tal y como dijo Fray Tullio Pastorelli, son como estrellas que iluminan nuestro camino.

Y finalmente, como dijo el Papa León XIV en la homilía de la celebración eucarística en Tor Vergata, “La amistad con Cristo, que es la base de la fe, no es solo una ayuda más para construir el futuro, es nuestra estrella polar.” Esa amistad fue nuestra guía en cada paso de este camino, y lo seguirá siendo en la misión que ahora continuamos en nuestra vida diaria.

“Este viaje termina, pero la huella que dejó en nuestra fe y en nuestro corazón permanecerá para siempre, recordándonos que caminar con Cristo es la mayor aventura de la vida”.

Luthien Pimentel Aránguiz

Misionera

2 comentarios

  1. Siete bellissimi <3 e bellissima è la vostra fede!

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