Cliché sobre los frailes 2: ¿es verdad que siempre están encerrados en un convento?

Entre los muchos clichés sobre nosotros los frailes, este es sin duda el más común. Sobre todo cuando me encuentro con jóvenes, la idea fija es siempre la misma: ¿es verdad que los frailes siempre están encerrados en el convento?

¿Por qué una vida en «prisión»? ¿De qué sirve estar siempre encerrado en un convento? Esta convicción errónea surge de la falta de claridad sobre dos vocaciones de vida religiosa, similares en algunas áreas, pero también muy diferentes entre sí: ¡la del «monje» y la del «fraile franciscano»!

De hecho, son «los monjes» los que llevan su vida como consagrados exclusivamente (o casi) dentro del «monasterio» (entre la oración y el trabajo), en un lugar deliberadamente «cerrado» y estable.

El «convento franciscano» es en cambio por su naturaleza un lugar «abierto» y dinámico (de hecho deriva de «con-COME» = reunirse), un lugar donde «los frailes» (¡y no sólo!) se encuentran, dialogan y planean salir de nuevo. Un lugar al que llegas y al que te vas. ¿Ir a donde? Estar entre la gente, compartir evangélicamente, hombro con hombro, la vida cotidiana de cada hombre y mujer. La itinerancia y la movilidad son, por tanto, características propias de los franciscanos.

Pero, de hecho, que una persona consagrada saliera al mundo y estuviera entre la gente, no era tan obvio ya en tiempos de San Francisco. Él también, inicialmente, no estaba del todo seguro y convencido de embarcarse en este nuevo estilo de vida: ¡la decisión le será sugerida desde Arriba!

He aquí lo que escribe san Buenaventura al respecto, relatando el nacimiento del primer convento franciscano del mundo (nuestro «Proto-convento» en Rivotorto):

«[Francesco] planteó a sus compañeros la cuestión de si debían vivir habitualmente entre la gente o recluirse en lugares solitarios. Después de haber indagado con la insistencia de la oración cuál era la voluntad de Dios en este punto, fue iluminado por una revelación y comprendió […]: estableció que había que elegir vivir para todos, y no sólo para uno mismo. Se reunió con los frailes en una choza abandonada, cerca de Asís (Rivotorto), para vivir allí la vida religiosa según la norma de la santa pobreza y predicar la palabra de Dios al pueblo, según la oportunidad del tiempo y del lugar. Convertido, pues, en heraldo del Evangelio, recorría las ciudades y los pueblos, anunciando el reino de Dios no con el lenguaje aprendido de la sabiduría humana, sino con el poder del Espíritu Santo». 

[De la vida de San Francisco; LMín 2,5; FF 1343B]

Y de hecho Francisco mismo, luego escribirá a todos sus frailes:

«“Escuchad, señores míos, hijos y hermanos: alabad al Señor, porque es bueno, y exaltadlo en vuestras obras, porque para esto os envió por todo el mundo, para que deis testimonio de su voz, con la palabra y por obras, y que todos sepan que no hay nadie Todopoderoso sino Él». 

[de la Vida de San Francisco; LettOrd; FF 216]

Por eso también nosotros, frailes del 2022 (más de 800 años después), tenemos nuestra casa en el convento (donde vivimos en fraternidad, donde nos reunimos para orar juntos varias veces al día, donde nos preparamos e incluso descansamos), pero luego estamos saliendo” todos los días en diferentes lugares: en casas, parroquias, escuelas, hospitales, cárceles, calles, santuarios, comunidades e incluso en tierras de misión lejanas. El fraile franciscano es siempre «peregrino y forastero» (San Francisco).

“¡Eh, pero ustedes los frailes viven fuera del mundo, no conocen los problemas de la gente!”. ¡Esto también lo he escuchado más de unas cuantas veces! Efectivamente, en el convento no hay niños que te despierten a las tres de la mañana u otras situaciones propias de quien tiene una familia (trabajo, escuela, hijos…). Sin embargo, me pregunto:

¿Quizás que, pasar horas en un confesionario, o dedicar tiempo tanto a la escucha como al consuelo o guía de muchas personas hacia Jesús, no te pone en contacto con los problemas de la gente?

¿Será que caminar por las salas de un hospital o por las secciones de una prisión o por una comunidad de jóvenes drogadictos, cuidando a los pobres, no se trae las heridas más sangrantes de esta humanidad?

Estar en las escuelas, en las parroquias, en un oratorio, yendo a los hogares o a las tierras de misión en el nombre de Jesús, ¿no se asombra ante la realidad más concreta de la vida de todo hombre o mujer, joven o anciano?

Nuestra oración diaria, ¿no es también una preocupación y un llevar ante el Señor las situaciones reales de las personas, así como del mundo entero?

Cuando alguien preguntó a los primeros frailes dónde estaba su claustro (el pórtico de cuatro lados, el lugar simbólico del recinto monástico), lo llevaron a una colina y le mostraron «toda la tierra hasta donde alcanzaba la vista, diciendo: “¡Este es nuestro claustro!” [SacCom 63; FF 2022].

¡El mundo entero es nuestro claustro! Y si hay rejas, si hay cárceles en este pobre y amado mundo nuestro, pues ahí es donde queremos ir, para llevarnos al Señor Jesús, para ponerlo entre su pueblo, y dejar que Él haga eso. .. por lo que vino: «¡Libertad a los presos!» [Lc 4,18].

¿Qué opinas de este lugar común sobre nosotros los frailes? ¡Escríbelo en los comentarios! Y si tienes otras dudas, no dudes en escribirnos a nuestro correo electrónico (franciscanos.cl@gmail.com).

¡Hasta pronto, una oración!

FRA NICO (OFMConv)

(articulo extraído del blog Vocación Franciscana)

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