Escuchar, discernir, vivir…

Quizás también en tu corazón resuene desde hace tiempo una palabra de lo alto, una intuición, una invitación inesperada del Señor que te sugiere: ¡ven y sígueme!

Al respecto, el Papa Francisco escribió en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones hace unos años (2018):

“En la diversidad y especificidad de cada vocación, personal y eclesial, se trata de escuchar, discernir y vivir esta Palabra que nos llama desde lo alto y que, permitiéndonos hacer uso de nuestros talentos, nos hace también instrumentos de salvación en el mundo y nos dirige a la plenitud de la felicidad”.

Por eso, sugiere el Papa, debemos saber escuchar, discernir y vivir esta palabra sembrada desde lo alto en nuestros corazones. Pero, ¿qué significa?

«Escuchar» es leer los acontecimientos con ojos de fe

“No podremos descubrir la llamada especial y personal que Dios ha pensado para nosotros -subraya Francisco- si permanecemos encerrados en nosotros mismos, en nuestros hábitos y en la apatía de quien desperdicia su vida en el estrecho círculo de si mismo, perdiendo la oportunidad de soñar en grande y convertirse en protagonista de la historia única que Dios quiere escribir con nosotros”. Por lo tanto, estamos llamados a leer e interpretar los hechos, los acontecimientos, las situaciones, los encuentros, los pasajes de la vida, con los ojos de la fe y, ciertamente, ¡no con los ojos del mundo!

Esta mirada de fe se construye con una confrontación constante y diaria con la Palabra de Dios, en la oración, en la frecuentación de los sacramentos, especialmente en la confesión en la Eucaristía. En otras palabras, se trata de leer con ojos creyentes, los mismos ojos de Jesús, todo lo que nos sucede.

“Discernir” es leer en nuestra vida para descubrir a qué estamos llamados

El Papa escribe de nuevo: «Cada uno de nosotros puede descubrir su propia vocación sólo a través del discernimiento espiritual«. En otras palabras, se trata de «superar las tentaciones de la ideología y del fatalismo para descubrir, en la relación con el Señor, los lugares, instrumentos y situaciones a través de los cuales Él nos llama». Esto requiere un camino paciente y orante para poder “desarrollar la capacidad de ‘leer dentro’ de nuestra vida” y así captar dónde ya qué nos llama el Señor para ser continuadores de su misión”.

  • Para esta lectura interior de nosotros mismos, los espacios y momentos de silencio y oración se vuelven indispensables: para reconocer quiénes somos (virtudes, cualidades, talentos.. anhelos y sueños). Pero también para limpiar, purificar, liberarnos de nuestros vicios internos, cargas, pecados. Y luego aprender a aceptar los límites y los sufrimientos… ¡sin renunciar a mirar más allá, más lejos!
  • Para quien tiene en el corazón el deseo de una vida franciscana (ser fraile), el camino de “discernimiento” vocacional se desarrolla a través de nuestros encuentros vocacionales y de confrontación directa con la realidad franciscana y la vida de los frailes es de gran utilidad.
  • La ayuda de un acompañante, de un padre espiritual es fundamental para acompañarnos en esta lectura más profunda de nuestra interioridad.

«Vivir» la llamada es convertirse en testigos del Señor

“La alegría del Evangelio -escribe siempre el Papa- no puede esperar a nuestra lentitud y pereza. No nos afecta si nos quedamos mirando por la ventana”. ¡La vocación es hoy! “¡La misión cristiana es para el presente! Y cada uno de nosotros está llamado -a la vida laical en el matrimonio, a la vida sacerdotal en el ministerio ordenado, o al de especial consagración- a convertirse en testigo del Señor, aquí y ahora”.

  • Se trata de empezar inmediatamente a dar pasos, gestos, acciones concretas. Se trata de no postergar indefinidamente el discernimiento, de aceptar interrogarse, de verificar una intuición. De hecho, el riesgo para muchos jóvenes de hoy… quedarse quietos, enterrar y anestesiar cada llamada interior, cada palabra de lo alto.
  • “El Señor continúa hoy llamando a seguirlo”, concluye Francisco. “No tenemos que esperar a ser perfectos para responder: ¡aquí estoy! No tengas miedo de nuestras limitaciones, sino acoge la voz del Señor con un corazón abierto».
  • “Escucharla, discernir nuestra misión personal en la Iglesia y en el mundo, y finalmente vivirla en el hoy que Dios nos regala”.

Al Señor Jesús siempre nuestra alabanza.

fray Alberto Tortelli (OFMConv)

Deja un comentario

Contacto
close slider